Un viaje a Viena no puede finalizar sin el toque español realizando una visita a la Escuela Española de Equitación de Viena. La corte imperial austriaca sentía verdadera devoción por la cría y doma de caballos de raza. Y como los primeros caballos llegaron desde España, de ahí el origen del nombre del lugar. Como curiosidad, estos caballos son negros al nacer y se vuelven casi blancos, tordos, entre los 8 y 9 años.
El objetivo de la equitación clásica es estudiar el modo natural en el que el caballo se mueve y cultivar los más altos niveles de la elegancia que el corcel es capaz de alcanzar a través de entrenamientos sistemáticos. El resultado crea una armonía incomparable entre el jinete y el caballo, solo alcanzada por la Escuela Española de Equitación de Viena. Esta institución es la única en el mundo que viene practicando este estilo de doma desde hace 430 años, y continúa cultivándola en la actualidad. Tiene como referentes dos aspectos básicos: el caballo de raza lipizana y la técnica tradicional española de doma.

Actualmente es uno de los símbolos de la ciudad y de Austria, hasta el punto de que la Escuela fue el motivo elegido para la moneda de cinco euros. Es muy interesante asistir a una de las representaciones. La recompensa es presenciar un espectáculo único en el picadero más bonito del mundo, decorado con gran elegancia por el arquitecto barroco Joseph Emanuel Fischer von Erlach entre 1729 y 1735.
Lo dicho, si se quiere vivir unas fechas inolvidables, de las que se cuentan una y otra vez a los amigos y familiares, hay que disfrutar del fin de año en Viena, con el remate final del Concierto de Año Nuevo en la capital de la música.
