Como no puede ser de otra manera, el fin de año en Viena conlleva pasear junto al Danubio y visitar los lugares más típicos, bellos y originales de esta ciudad de la bon vivant, como la definen los franceses, como son el centro histórico, la catedral de San Esteban, construida en el siglo XIII de estilo románico, o la Casa de la Música, entre otros bellísimos monumentos. También llama la atención la Ópera del Estado, una de las grandes catedrales del arte lírico internacional. Su historia es, en no poca medida, la secuencia lineal de la música centroeuropea desde el siglo XIX.
Para que un viaje a la Ciudad Imperial sea completo existe la posibilidad de deleitarse en directo con la misa cantada por el Coro de los niños cantores de Viena. Todos los domingos, este grupo de jóvenes sopranos y altos, creado por el emperador Maximiliano I en 1498, canta la misa solemne en la Capilla Imperial de la Hofburg, de estilo gótico pero pequeña, por lo que es todo un lujo asistir a uno de sus actos. En Navidad y Año Nuevo, el coro termina su actuación con el villancico por excelencia, Noche de Paz. La emoción embarga a quienes han tenido el privilegio de asistir, maravillados por la belleza de lo que acaban de oír.
